miércoles, 9 de enero de 2013

A diferencia de España en Londres anuncian ayudas a familias de manera urgente


En mayo de 2010, el sol y el color de las flores del jardín trasero de Downing Street presidieron el lanzamiento de la coalición que el conservador David Cameron y el liberal-demócrata Nick Clegg acababan de formar. Justo 32 meses después, recién pasado el ecuador de la legislatura, la oscuridad de un invierno londinense templado pero más gris y húmedo que nunca ha marcado la comparecencia del primer ministro y su adjunto para presentar las prioridades de Gobierno para el resto de la legislatura.

Un relanzamiento de la coalición mucho más sobrio que su lanzamiento y que ha servido, sobre todo, para aclarar que Cameron y Clegg no están casados. Ni siquiera son pareja de hecho. Pero su relación, sea la que sea, durará hasta 2015. Eso, al menos, es lo que han dicho el primer ministro y su adjunto en una comparecencia conjunta ante la prensa en Downing Street.

Cuando le preguntaron cómo va su matrimonio con Clegg, Cameron respondió: “No me gusta aguar la fiesta, pero déjeme decirlo así: estamos casados, pero no entre nosotros. Los dos estamos felizmente casados. Pero esto es un Gobierno, no una relación”. Y añadió: “Lo que le dijimos a la gente hace dos años y medio es que estaríamos juntos durante los cinco años de la legislatura y que abordaríamos los problemas. O sea que, para mí, esto no es un matrimonio”. Y aseguró que la coalición es como los productos de la popular marca de bricolaje Ronseal: “Lo que dice la etiqueta es lo que hay dentro de la lata”.

La longevidad de la coalición fue uno de sus mensajes centrales del acto. Nada más empezar el delicado ejercicio de convencer a los británicos de que la coalición está haciendo lo que prometió, el primer ministro aseguró que el Gobierno de conservadores y liberales, “que muchos pensaban que no llegaría a Navidad”, durará hasta el final de la legislatura, en la primavera de 2015. De aquí a entonces, el Gobierno se ha propuesto “nuevas prioridades”, como mejorar las infraestructuras de transporte, reformar la regulación bancaria o reformar las pensiones del sector público.

En concreto, Cameron anunció nuevas inversiones para ayudar a las familias a reducir el coste de criar a sus hijos; más ayudas a las familias que no pueden conseguir una hipoteca; medidas para limitar los poderes del Estado y extender las libertades personales; “nuevos pasos de envergadura” en asuntos como las pensiones y “poner un límite al coste potencialmente enorme” de las ayudas sociales; fomentar en lo posible la inversión privada en autopistas y carreteras; extender la red ferroviaria de alta velocidad desde Birmingham hacia el norte de Inglaterra.

En su introducción al programa para el resto de la legislatura, que por lo demás no ofrece grandes novedades, Cameron y Clegg presumen de que la coalición ha sido capaz de navegar en aguas turbulentas y tomar decisiones en materias como reducción del déficit público, reequilibrio de la economía, regulación bancaria o cambio climático, entre otras.

Si hasta hoy los medios británicos se preguntaban si la coalición sería capaz de aguantar toda la legislatura pese a sus diferencias de fondo, ahora se cuestionan cuándo empezarán a distanciarse ambos partidos para concurrir a las elecciones de 2015 con programas diferenciados. La cuestión europea es una de las que más sigue diferenciando a conservadores y liberal-demócratas. Aunque estos últimos han moderado las posiciones proeuropeas que les distinguieron hace unos años, el entusiasmo con el que los conservadores parecen dirigirse hacia la puerta de salida de la UE promete convertirse en uno de los problemas de aquí al final de la legislatura. Y, sobre todo, para formar un nuevo acuerdo de Gobierno si de las urnas no sale ningún ganador por mayoría absoluta.

Nick Clegg insistió de nuevo en que no hay diferencias entre ambos partidos en la política europea y que las posiciones de Cameron a favor de una congelación de los presupuestos europeos está plenamente justificada. Pero lo cierto es que su partido difícilmente podría aceptar la renacionalización de políticas europeas que esperan conseguir los conservadores. Una aspiración que ha de quedarse para la próxima legislatura. En parte porque es difícil saber hoy en día cómo será la UE dentro de unos años, cuando la crisis del euro haya acabado o la moneda única haya saltado por los aires. Y en parte precisamente por la dificultad de que conservadores y liberales-demócratas se pongan de acuerdo sobre qué relación con Europa quieren para Reino Unido.

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