miércoles, 9 de enero de 2013

Scampia se opone al rodaje de Gomorra en sus tierras, no quieren fomentar la camorra


“¿Es realmente posible bloquear la narración de un territorio?”. La pregunta es del escritor italiano Roberto Saviano. Por contestar no, y escribir Gomorra, un libro sobre los crímenes y los protagonistas de los clanes de la camorra, el autor vive escoltado desde 2006. Un rotundo sí ha sido en cambio la respuesta escogida por Angelo Pisani. De ahí que el presidente de la municipalidad a la que pertenece Scampia, considerado como uno de los barrios más peligrosos de Nápoles y tierra de conquista de la criminalidad organizada, haya negado su visto bueno al rodaje en la zona de varias secuencias de la serie televisiva Gomorra, inspirada en la obra de Saviano.
"He denegado cualquier autorización al uso de las imágenes y los lugares del territorio. Ha llegado el momento de decir basta a la explotación instrumental de Nápoles y en particular de este barrio”, ha declarado Pisani al diario italiano Il Corriere del Mezzogiorno
.
Gomorra
ya inspiró una película, dirigida en 2008 por Matteo Garrone. De hecho, el cineasta realizó algunas secuencias de su filme en Scampia. La emisora Sky Italia y la productora Cattleya esperaban hacer otro tanto con la serie homónima, 12 capítulos de 50 minutos que se empezarán a rodar en febrero. Pero se han encontrado con la negativa de Pisani, según el cual, “subrayar siempre y solo lo negativo —que obviamente está, es innegable— no resuelve sino que empeora los problemas y confirma la marca de infamia que Scampia, a su pesar, arrastra”.
“Me sorprende mucho el no, por dos razones. No creía que aún existiera esa mentalidad de que los trapos sucios se limpian en familia. Y además por todo el planeta los responsables de los territorios intentan atraer producciones, por sus beneficios económicos y culturales”, explica Riccardo Tozzi, presidente de Cattleya. Para el productor, la reacción de Pisan debe de depender de la “falta de información” ya que promete que Gomorra la serie
“demostrará que Scampia no es solo camorra”. De todos modos, la compañía aún confía en obtener la autorización y espera poder hablar con el alcalde de Nápoles, Luigi de Magistris. Aunque, por si acaso, tiene listo un plan B. “Scampia solo representa el 5% de los ambientes. Si finalmente no pudiéramos rodar allí, lo haríamos en lugares análogos”, asegura Tozzi.
Sea como fuere, de momento De Magistris, un exfiscal elegido en 2011 con el centroizquierda, ha ofrecido su respaldo a Pisani y a su guerra para demostrar que “Scampia no es Bagdad”. El mandatario ha publicado un comunicado en su página de Facebook, en el que afirma: “Estamos cansados de ver a Scampia reducida, también en términos de imágenes, a un territorio de conquista de la camorra, como si no existiera nada más que las plazas del tráfico de droga y la lucha entre clanes”.

Al alcalde ha contestado directamente Roberto Saviano, en la enésima polémica sobre cómo narrar la mafia en Italia, un país aficionado a los parlamentarios condenados por colaborar con la criminalidad organizada y que todavía investiga sin respuestas una supuesta negociación entre Estado y Cosa Nostra en los noventa.

El escritor, en un artículo en el diario italiano La Repubblica,
ha salido en defensa de la serie, que supervisa personalmente, y de la productora que adquirió los derechos de su libro. Y ha escrito de De Magistris: “Es normal, siempre ha sido así. Cuando se está en la oposición se cuenta el mal. Pero cuando la misma gente que un instante antes estaba en el otro bando llega al poder, cambia de idea y quien narra el mal acaba siendo el enemigo que boicotea el cambio y difama el territorio”.
En realidad, el propio Saviano apoyó en 2011 la candidatura de De Magistris a la alcaldía de Nápoles, precisamente porque estaba convencido de que representaba el cambio que la ciudad necesitaba. Pero, poco más de un año después, nada queda de aquella alianza.

Tanto que De Magistris ha abierto otro frente de batalla con el escritor napolitano: “Scampia es también la frustración de sus habitantes, la mayoría buena gente, exasperados por ver su barrio contado como marca mediática negativa. Me pregunto por qué los derechos televisivos tan bien pagados no son trasladados, por ejemplo, a la financiación de los proyectos de escuelas y asociaciones que trabajan sobre el territorio”.

A falta de una respuesta, que Saviano no ha ofrecido, el escritor ha planteado unos cuantos interrogantes más: “¿Es posible dejar de contar un territorio donde ha estallado de nuevo una guerra por el control de las plazas del tráfico de droga, donde han explotado bombas por las calles, donde esas bombas han herido niños que jugaban? ¿Realmente esta enésima ocurrencia electoral de prohibir el acceso a las cámaras es la manera justa para llamar la atención o para alejarla? La luz sobre el dolor de Scampia la encienden las tragedias. Entonces habría que mantener fuera las cámaras de los noticiarios, los vídeos de los periodistas, la mirada de los observadores internacionales”. Y su serie, claro.

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